22/04/12

Lima, 22 de abril del 2012

En la casa del nonno

Ventana Rota

Un niño en el camino
se encuentra una piedra
no sabe qué hacer
no sabe qué hacer

El niño se proyecta
sobre mi ventana
las manitas le sudan
la culpa anticipada

De pronto yo me asomo
el paradito en la calzada
me deja perplejo
con su profunda mirada

La noche me domina
El cielo y el silencio
la oscuridad de una día
la oscuridad de una vida

La piedra que volaba
hacia mi ventana
sin saber qué hacer
sin saber qué hacer

Los pedazos rotos
de vidrio salpicado
un suelo de lluvia
lluvia que no mojaba

Busco al niño
su ausencia se mostraba
yo frente al espejo
y el niño que miraba


La noche me domina
El cielo y el silencio
la oscuridad de una día
la oscuridad de una vida

Hasta el otro lado.

19/01/12

Lima 19 de enero del 2012

Casa del nonno

Si nos ponemos a escribir -guardando 5 meses de memoria- es casi un hecho que una sola historia será difícil de sellar. Pero, hay un punto que une cada bloque de esos 30 días promedio. El punto en el que no estuve aquí e intenté desesperadamente acoplarme más allá. Como el disfraz y el teatro, hay un momento en que la función debe terminar. No recuerdo cuándo fue el último día en que me senté a investigar como lo hacía, leer cosas de mi gusto, conversar sobre otro tema que no sea un pañal o un papel higiénico. Alucinante el sentido que queda guardadito en el baúl de los recuerdos. Aunque es preciso hacer la advertencia que no hay candado o cadena que pueda soportar la presión de cada partícula de los 150 días. Cuando se escapa uno y te da un golpe en la frente miras lo lejos que estás del anterior 30 de agosto del 2011.

Recuerdo que era fines del 2004 y me formulé la pregunta sobre qué hacer con el futuro, estudiar e intentar nuevamente ingresar o coger un avión y volar para EE.UU. por la sencilla razón de estar por ahí. Era una etapa crucial, mi primera gran decisión sobre qué construiría yo para forjar mi propio destino. Al fin de cuentas el peso de la universidad se posó en el firmamento más rápido que las otras variables. Y pasaron 5 años estudiando y trabajando más los dos posteriores donde tuve otros logros direccionados a la misma meta: felicidad.

Hace un par de noches volví al 2004, pero con una barba completa, la voz más ronca y 150 días en los que no escribía en este mi espejo, el que mejor me sirve. Era de noche y yo sentado en la sala veía las cortinas moverse, como un péndulo que me proyectaba un trance involuntario y yo que me dejaba caer, pues necesitaba salir de ese momento. Las reflexiones pasaban como pantallazos, cuando inesperadamente se soltó el candado destapándose el baúl. Cuántas imágenes se entrelazaban, nuevas personas, nuevos sitios visitados, otros comportamientos. Yo hacía el papel de testigo desde arriba, era una erupción que me golpeaba la cara, sin quemarme.

Luego una llamada la cual ni supe cómo contestar, la noche y las horas. La 5:00 am, un sol y el sueño en blanco.

¿El valor de tener bienes o la valorización de cada paso? De hecho sé que muchos discrepan en el punto de las creencias. En mi caso considero que luego de partir mi mundo paralelo será la memoria de algunos y el baúl de muchos. Yo no me veré, pero sé que otros sí. Por ende, si solo tengo estos años para vivir, no interesa tanto la celeridad con que consiga una camioneta que supere mi auto; todo lo contrario, me acercará hacia mi meta, despertar ansioso por el día, desesperado por crear en la forma que yo sienta.

Conozco amigos, familiares, ex parejas, etc… Que tienen la capacidad de anular la meta compartida y desviarse hacia instrumentos que al final lo único que hace es fomentar las ganas de conseguir más costosos y tecnológicos placebos.

Miro mi techo del cuarto que llevo días en y noto cómo la pintura se ha levantado, ese pedacito quiere caerse en cualquier momento, tiene algo muy metido que no lo deja caer. En física se le conoce como “resistencia”.

Hasta el otro lado.

30/08/11

Lima 30 de agosto del 2011

Casa del nonno

Cómo me encantaría ver a aquella polilla que me visitó allá por el 2009. Recuerdo tan bien cuando se posó sobre mi manta, hacía el mismo frío que esta noche, inclusive hasta el tiempo coincidía con este momento. Mi habitación ahora simula una cápsula fría que contiene todo lo que siento, en las paredes andan colgados mis títulos, aunque mientras más transcurren los meses pareciera que se van fusionando con la fachada despintada. Es como si ya no brillarán tanto. Hay veces en que no son perceptibles ante mis ojos. Al fin de cuentas no interesa cuántos cartones te adornen, sino la actitud que tengas sobre la gente y los múltiples escenarios.

Escribo este post sobre mi laptop de más de dos años de antigüedad marca ACER, no salió tan mala, pensé que lo sería al no poder pagar una HP y solo limitarme a dejarla paradita en el módulo de una tienda. Mi cama de dos plazas se extiende hasta cada extremo, y yo cada vez más pequeño sobre un color azul, que me sumerge a profundidades que creía haber buceado con anterioridad. No es mentira la habilidad que ha desarrollado, intento abrazar a una almohada y tampoco la siento. Esa suavidad acolchonadita es simplemente una superficie plana en crecimiento.

Es curioso que cuando estoy en el trabajo o el gimnasio lo único que pretendo es acostarme en este colchón y cuando me encuentro sobre sus resortes, la cabeza se me entumece y a mis oídos un pito criminal los acosa. Detesto estar en un lugar que me haga sentir incómodo; adoro llegar a dormir después de un lunes. ¿Qué falta? ¿Qué ha cambiado?

Quizá sea que en estos últimos meses yo sea el intruso en un cuarto que fue de otra persona. De un Jorge más cálido, con más preocupaciones, con mayores ganas de encuadrar cada instante relevante. En cambio, desearía que mi mano se amplificara e hiciera un barrido total, puesto que ya no soy el mismo, me rompí junto a la copa. Me transmuto y luego juego el papel de la polilla: me convierto en el visitante.

Dejaría solo la cama, la TV y mi cómoda, lo restante me encantaría respirar verde, pintarlo todo de ese color… Considero que desde ese nuevo ángulo podría hacer nuevamente este cuadrante algo más mío, pero a la larga seguiría siendo un préstamo y yo un pasajero.

Mañana mi último día como Promo Coordinator en KC.

Hasta el otro lado.

07/06/11

Lima 07 de junio del 2011

At KC


Qué difícil es viajar cuando debes pagar un auto cuya deuda está en dólares en un país que parece una canchita a punto de reventar y hacer ¡Pop! En adición a todas las horas diarias que el trabajo requiere. Entonces, lo mejor sería emplearse en algo que precise de vuelos y aeropuertos, en donde los fines de semana sean de reposo absoluto. Un independiente errante, cazador de destinos, dueño de nada, esclavo de nadie.


Ya me voy para las tres semanas desde el punto de quiebre y de partida. Me siento tranquilo, a veces aparecen las fotografías dispersas de nuestra gran película. Por ahí me he enterado sin querer que del otro lado, las cosas van a buen ritmo, que el soplido del viento impulsa el velero social. No hay peña alguna que hinque por debajo. Avanza raudo entre los destinos.


La semana que pasó fue rica de experiencias. Frecuenté gente que no veía tiempo atrás, como también ciertos rostros nuevos. Conocí un lugar en Miraflores que se llama Arábica, que por lo que me contaron, la dueña es la misma francesa rubia que te atiende. El lugar resume la magia de Miraflores. Entras y tu mundo se fragmenta en memorias de ese distrito –aplica a los que han vivido o intentan vivir en la ciudad de las flores- , el mostrador a la izquierda exhibiendo todos los postres que se venden. La francesa con español masticado te explica con mucha amabilidad cada duda que tengas.


Al cruzar el arco están las mesas y sillas de madera, hay pocas, no es masivo. ¡Otro punto a favor! Decorada de plantas de verdad, no de fantasía. Creo que es la primera vez que encuentro una situación así, o que le haya prestado la atención suficiente. Cortinas que se despliegan desde techos muy altos, se veían limpias y para nada nuevas. En el segundo ambiente la comodidad posaba una mayor participación. Ya no eran simples sillas ahora muebles revestidos de madera, con cojines gruesos.


Lo que me pedí fue un capuchino, el más rico que he probado en toda mi vida y encima tenía una especie de arbusto dibujado con la espuma blanca. Acompañado de un pie de limón muy duro, pero delicioso. Como los que venden en esa esquina de San Bartolo frente al mercadito. San Bartolo…


Ayer me fui a despedir de mi tío a la casa de mamama. Fue divertido tomarme una foto con toda la familia, bueno parte de ella, porque hay primos que andan en EE.UU. Creo que la última vez que sucedió algo similar yo tenía 3 ó 4 años. Lo disfruté bastante.


Espero con ansias que llegué el 15 de junio. Hay muchas cosas que debo compensar y que se juntan una tras otra.


Hasta el otro lado.

25/05/11

Lima 25 de mayo del 2011

At KC


Ando en verdad medio desorientado, pero no perdido, es como si estuvieses acostumbrado a recibir calor en pleno invierno y que intempestivamente el flujo se vea interrumpido, es decir, que la sensación térmica se congele, mientras tal temporada sigue helando la piel, resecando lo que una vez fue suave, lo húmedo. He descubierto que los espejismos no solo se dan en un desierto, también toman cuerpo bajo la nieve, bajo los copitos blancos.


Hicimos todo lo que nuestras resistencias permitieron: dimos, dejamos y quitamos. El lodazal arremetía, jalándonos hacia la brusca tierra. Fue ahí donde las cóleras y disgustos, las miradas con enojo se apoderaron de nosotros, nos disfrazaron de desdicha y cada vez que nos hablábamos el antifaz se anteponía, dejando nuestras caras en la ilusión, en una lejana esperanza. Cómo se luchó, cuántas nuevas metas se fijaron, aún así las vallas aparecían y de nuevo la tierra hasta las rodillas. Ella y yo… El fango.


Llorábamos juntos, yo siempre rebalsaba humedeciendo mis mejillas, nunca pude equilibrar ese efecto. Me hubiese encantado solo mirar con los ojos firmes. No mostrarme así, pero es algo que me acompañará como la Hemofilia hasta el fin. Y entonces las nuevas derrotas, pocos momentos compartidos y ya no tan juntos. Muchas actividades de por medio, casi nada de nosotros. Yo llamando, la copa de vino que caía al piso sonando muy fuerte y bueno la otra mirada fija en el mundo, mas no en la copa hecha mil pedazos debajo de nuestros pies descalzos.


Me costó mucho tomar la gran decisión de separarnos. Aún no me recupero de ello. He desactivado mi cuenta en el Facebook, cambiado una que otra foto y escondido algunos recuerdos que en mi habitación quedaban. Entre ellas hallé un ganchito rosa, una piedra blanca hermosa –la única vez que estuvimos frente al mar con zapatos- y muchos pelitos negros sobre mi cama. Mi garganta se llena de nudos mientras redacto. Y la lágrima del llorón que empaña mis lentes.


Ya han pasado tres días desde que se lo dije por teléfono. Intenté hablar directamente, pero había más cosas que hacer, otros compromisos. Aunque no el nuestro. Cuando entablamos la conversación no fue un diálogo, fue más un corto informativo. No teníamos más que contar, ya casi en dos años se hizo. Era inevitable suponer para los dos qué se venía.


Siento de corazón que el amor no puede respirar rencor. Si siguiéramos juntos terminaríamos con un cáncer terminal. Al menos ahora podemos intentar una quimioterapia a paso lento, cada uno por su camino, bajo sus propias experiencias.


Siempre se puede mejorar si es que hay la voluntad de hacerlo, sin embargo, hay cimientos que perduran. Los nuestros no soportaron una misma construcción.


El próximo sábado iré donde Sylvia y veremos qué otras cosas me ayuda a descubrir.


Feliz cumpleaños mamama. Son 80 años. Gracias por compartirlos conmigo y los tuyos.

Hasta el otro lado.