20/12/09

Lima 06 de diciembre del 2009

Aeropuerto de Los Ángeles

Y así pasaron 15 días como caballo galopante que levanta polvo, que ciega a los de atrás, pero que no llega a la meta, porque en verdad para ser cuadrúpedo tiene que seguir en la carrera, el detenerse en un eventual final, tendría el mismo efecto para éste.

Dejé a la familia armado el escenario navideño, las luces que abrigaban las tejas, la puerta que adquiría gesto con la mirada de un reno feliz. Y la sala, la cocina todo con bolitas rojas y personajes rechonchos, liderados por el más gordo de todos: el famoso Santa Claus.

Anticiparían a los abrazos de despedida, el recojo por parte del amigo, una por una las maletas dejaban sin cabida a la parte de carga del auto rojo. Ya no era una, sino dos las que acompañarían el viaje. Todo listo. El motor se prendía y yo que entraba para el adiós. Uno por uno –así como las maletas- fui abrazándolos y diciéndoles lo agradecido que podía estar por la ayuda recibida. Cómo nunca olvidaría el gesto y cómo regresaría a Lima ya no con una conocida, sino con varios amigos.

Vuelvo a Lima, más tranquilo y entusiasmado. Tranquilo por mi vida ya más regulada y con entusiasmo.

Last call para mi vuelo.

Hasta el otro lado.

27/11/09

Lima 27 de noviembre del 2009

Casa de Pam en Los Ángeles

Black Friday. Las compras del año en todo EE.UU. Es la primera vez que participo del tal magno evento. Cuentan por acá, que el año pasado, gente murió desesperada por entrar a las tiendas. Los precios son tan bajos que no hay reparo a la hora de pasar la tarjeta o de entregar los billetes de veinte en veinte.

Pude llegar a una tienda que es propia para el estilo que utilizo, o que pretendo alcanzar. Se llama H&M los precios no eran tan bajos como para la fecha en la que se está, aún así, compré ciertas cosillas que necesitaba urgente. Ahora vendrá un amigo a recogerme para seguir en la búsqueda de lo barato y bonito.

El lugar en donde me estoy alojando es muy acogedor, la familia cariñosa, asequible, con la mano al instante para ayudarte ante cualquier percance. Realmente, tengo mucha suerte por haber reencontrado a Pam, después de más de diez años casi.

La familia está compuesta por cinco, teniendo en la última posición de la fila –por factor generacional- a un rubiecito que no pasa los seis años. Éste tiene unas energías interminables que se paran recargando con cada pasito que da. A cada momento inventa un juego. He visto cómo pinta, no se pasa los bordes, combina los colores esbozando contrastes que yo no he consigo alcanzar en mis casi 22 años. Creo que por ahí va su vocación, pero, en fin, at the end, all changes.

En Lima, las cosas las tenía apretadas, la universidad y el trabajo. Por el X ciclo (en Perú el currículo universitario se maneja con diez ciclos, cada uno de éstos con cuatro meses, y en suma cinco años). Con el trabajo me encontraba en plena transición de cuentas –clientes-, no es difícil, pero si confuso por todos los papeleos que comprende la labor.

No puedo negar que en momentos de tranquilidad la mente se queda en blanco, ya no piensas y es mejor así. Suavemente frío… Dulcemente amargo, ni modo. Me estoy sintiendo lejos, no por espacio, sino de mí, comportarse así por defensa, no sé qué vicisitudes traiga en la ruta.

El gusto de escribir en el blog, se me está escapando de las manos. ¿Qué está pasando? ¿Este cambio afectará también a lo que yo mismo he creado?

Hasta el otro lado

25/11/09

Lima 24 de noviembre del 2009

Aeropuerto de República de Panamá


Las expectativas fueron arrancadas de un solo golpe, el aeropuerto de uno de los países más desarrollados de América Latina es, pues, minúsculo. Los panameños tienen un grado de similitud con los ecuatorianos, claro con la estatura como diferencia y la pinta como emblema. Las mujeres son más de lo mismo –con algunas excepciones-, de bembas prominentes y pestañas alisadas hacia el techo donde descansa la bombilla que ilumina al señor de enfrente, quien cree que lo dibujo por las miraditas que le robo. Su blanco pelo camufla años de años.

No ha pasado mucho tiempo desde que llegué de Lima, hace una hora aproximadamente. Tengo unas ganas de tomarme un cafecito, esos como los que pido en Starbucks, y lo único que atisbo son solo Duties Frees y baños repletos. ¡Dios! Los baños tienen colas, ahí la gente espera largos minutos para poder entrar y hacer sus necesidades. Ni si quiera en los estadios limeños –no con la misma limpieza- se ve tal caravana humana, desesperada por disparar el cañón o liberar el tubo de escape.

Con que al fin llegó el día en que podré definir mi futuro. Esta semana, partiendo del viernes, ha sido cargada. La problemática radica en esperar mucho de una persona o de creer que es capaz de hacer lo mismo que tú. Para no caerte de nalgas al piso, la recomendación va por no procesar tanto las cosas y enfocarse más en los proyectos propios. Como agravante, esta actitud se ve inalcanzable cuando no se trata de un amigo.

Si se habla de amigos, ellos me llamaron, me escribieron, fueron a mi casa, me dejaron comments en el Facebook. Mostraban ese apoyo que yo necesito, ese: “mi hermano, estoy contigo”. Las amigas y amigos que aparecen en el momento preciso que –en algunas oportunidades- se esfuerzan por encontrarte, a pesar de mantenerte alejado. Que no sé cómo consiguen tu número, te llaman y te mandan besos y abrazos, que aparecen de sorpresa en el aeropuerto. Gente que actúa como habla y no lo opuesto.

Estaré llegando a Los Ángeles alrededor de las 11:00 pm, la amiga de mi mamá me estará esperando, ya mañana comenzaré a hacer las reuniones y papeleos para los que voy. Desde 1997 que no viajo al estado en el que nací. California me espera.

Más de un mes sin escribir.

Olvidarse de uno es un error o un horror dependiendo el caso.

Hasta el otro lado.

12/10/09

Lima 12 de octubre del 2009

En la agencia de la universidad

Tuvo que pasar varios años para poder profundizar –realmente- con una persona que me conoce desde el inicio de mi existencia. Nos sentamos en su terraza mientras tomábamos café, las edades no habían transcurrido por gusto, algunas rayitas surcaban nuestros rostros, formando años y dejando en evidencia esa lejanía impuesta.

Los temas salieron con una naturalidad suave, cada uno con sus posiciones, cada uno con sus percepciones sobre cada acápite familiar, donde el que escribe tenía bajo la manga ninguna de sus acostumbradas cartas. El as de corazones se encontraba cobardemente escondido ya por encima de la nunca. Entonces se habló del porqué de la Hemofilia, cómo así se padece la deficiencia, la ignorancia de años difuminada de un solo cachetazo.

Ella precisaba temas con carácter y determinación no se rendía ante la novedad del momento, las imperfecciones genéticas -resultado de una relación indebida, mas no culposa- se posaba como primer peldaño del diálogo. El padecer compartido en disímiles grados. Un sol que se fijaba hermoso por entre las tejas y el viento que sacudía los adornos colgantes, el ruidito relajante, un buen apoyo ante la tensión del habla.

La hermana duda que me mordía la lengua, que me tenía a tiro, Rinconada que incrementaba su temperatura y el amor detrás de la vitrina que se daba a conocer de a poquitos. Francos al reconocer aciertos y exigua –no intencionada- disposición a escuchar. No se pidió disculpas de ningún tipo, tampoco señas de arrepentimiento, igual convergencia de parientes. Promesa de verse más seguido cada mes, ruptura milagrosa del iceberg del silencio.

Se hizo el domingo 11 de octubre, y el cuerpo que no se daba basto para si quiera levantar un brazo, los pies –locos por la atención: egocéntricos- saludaban con un buen día ácido en el desequilibrio a la bienvenida del suelo. Dos factores de 500 UI, en la suma 1000 UI, la fuga de la sensación fastidiosa vendría todavía por la noche. La soledad del domingo que toca la puerta y que, sin abrirle, ingresa y se acuesta a mi lado respirándome en la sien, con un abrazo que me amarraba sobre el colchón, sumergiéndome en una piscina vacía en medio de una casa de playa, y que en vez de agua, la llena con un montón de hojas secas.

Hasta el otro lado.

27/9/09

Lima 27 de setiembre del 2009

Casa del nonno

No podía quedarme más tiempo en el trabajo. El día era sábado e igual me encontraba frente a la computadora con el objetivo de disminuirle la carga al lunes, era como enfriar el café de una taza a la otra, viendo cómo el líquido oscuro corría desde la base hasta el borde y así sucesivamente. Se reitera la expansión del café en la exhaustiva lucha del enfriamiento.

Una despedida violenta, la deuda sin cancelar y puesta a la espera, el retiro del cajero, del ATM pues hombre que se entienda. Y los peldaños se reducían, se alcanzaba la salida para volver a traspasar una entrada. Es así de simple: sales e ingresas. ¿La vida una serie de puertas?

El brazo derecho se erizaba en una respingada rectitud formando 45º invertidos, el taxi que frenaba al ver los dedos blancos enfrentandos a una esquina solitaria. La dirección, paso seguido la negociación, seis, siete, ocho… Se cierra la puerta, se vuelve a entrar a algo y avanza. Ya la tardanza se convertiría en un actor primordial en esa tarde de celebración.

Bajo al sótano luego de cruzar –nuevamente- un línea no señalizada en el suelo, pero muy presente. El presidente de la asociación confundido con el móvil en la mano, surge la duda del reloj y contesta que aún los invitados no cumplen en asistir y yo apurado, el trabajo, los ocho. La descripción de lo armado, sillas verdes en dos columnas con varias filas, los bocaditos a la izquierda y las caras de los ya conocidos –una que otra chica nunca antes vista-.

Los participantes iban mostrando sus rostros multi generacionales desde un adulto mayor con muletas hasta un gordito vivaracho aprovechando la energía para sentarse adelante y para engullirse todas las galletas posibles.

Da cabida al opening las palabras que como fin tienen capturar la atención más que informar, la proyección de un armado fotográfico en un ecran de momento, en la maña de la improvisación. El mago de pocos años, el siete de cocos pegado en el techo y mi gesto paralizado por la sorpresa y la vergüenza inmediata a ese instante.

Cuando de repente un tirón por la nuca, un jalón de cabello. La amiga que nunca falla y que aparece cuando uno más necesita tener a alguien que comparta lo vivido. La sorpresa de recordar a las pocas personas que dan sin fijarse en qué hay de vuelta. La pura expresión de lo que es querer. Y el maguito que seguía con los trucos y yo que me sentía más entrada y menos salida.

¡Feliz cumpleaños nonno!

Hasta el otro lado.

16/9/09

Lima 16 de setiembre del 2009

Casa del nonno

Parece mentira cómo la vida se escapa por un solo arrebato del destino. Un instante, un palmazo por detrás de la espalda, sin mayor aviso. Así como nacer, otra ley natural es el acabose: morir es ley de vida –Jorge Drexler-. Hace no más de dos meses que compartíamos un café en el atardecer de Miraflores. La foto que él me tomó me sirvió para cautivar a la mujer que amo. ¿Por qué no me diste tiempo de agradecerte la toma?

Lo dejé de ver casi diez años, desde que éramos niños, más inocentes, más alegres, más gorditos. Las bromas de salón, los papelitos en bolita que venían a mi asiento como meteoros que traspasan la atmósfera y caen de un golpe seco al suelo que nunca más dejan.

No obstante, el destino se portó con decoro, me permitió abrazarlo ese domingo por la noche. Dejar reír, como dejar el viento pasar por los espacios no protegidos de mi chaqueta negra. Pues hay que tener cautela al caminar por un puente, fijarse de antemano si cuenta con un pretil que asuste la caída y mejor todavía si un parapeto se iza hacia el cielo como la bandera que veía con Ricardo en la formación los lunes por la mañana.

Elucubrar su partida fue –a pesar de la aversión- lo que tuve. El trabajo estaba fuerte, todos salían y yo que no insistí, ni luché para verlo por vez última, pues, ulterior -si es que no existe un después- suena a ironía. Los demás fueron a verlo, me llamaban y no los escuchaba a ellos, el tono mutaba y las notas ronquitas me reclamaban que esté presente y el trabajo y yo que en el fondo no quería… Puedo con el “hasta luego”, pero el “adiós” me llena de dudas como también de cierto miedo.

Hoy no fui a trabajar, el hombro sigue exhaustivo. Me siento más apaciguado que ayer, sin embargo. A esto se le suma acostarse tarde y no reposar como se debe. El consejo es no ir a la facultad y creo que lo dejaré ir –a la recomendación-, ya falté una que otra vez, hay que guardarlas; se agotan.

En cuanto al seguro de Estados Unidos los trechos andan encauzados. El 24 de noviembre iré a California para superar lo que parecía insuperable. La perseverancia, hosca compañera.

Hasta el otro lado.

8/9/09

Lima 08 de setiembre del 2009


En la consultora de la universidad

El saludo de la polilla.

Pasada la media noche, las piernas debajo del cubrecama, tres almohadas cumplen con soportar el peso de la cabeza, esa cabeza donde los sueños duermen de día, pero despiertan de noche cuando uno realmente se desconecta.

La luz del televisor, el rostro frente a la pantalla, las lámparas apagadas, con las bombillas recalentadas por haber sido usadas como compañía a la lectura de un libro que se inicio desde antes de la página uno. El sopor de la noche hacía más cuadrada la habitación, un cubo que se cerraba a la par de la expansión oscura.

Pero… El escozor del vientre iba a gran escala, la cañería interna se agitaba con temblores que se convertían progresivamente en un terremoto. Las ventanas se libraban del vapor originario del cansancio de la jornada. Entonces las piernas fuera del cubrecama, las sábanas que se deslizaban develando el pantalón de cuadrados, los colores de William Wallace, el escocés torturado por los británicos de antaño, allá por el siglo XIV.

Cerca al umbral de la puerta, se abre a mitad, él sale y ella entra. Tiene por urgencia orgánica la poca disposición a la atención, una vejiga vejada no resiste el cañaveral. No cierra el rectángulo, pues ella, batiendo sus alitas a mil velocidades, se queda sobre el mismo lugar indecisa. Retoma la valentía, cruza el horizonte de la habitación y queda atrapada. Puesto que almas no develadas empujaron, desde el otro lado, la figura geométrica de roble.

Al volver de ocuparse descubre el colchón, sin ganas de taparse de vuelta, por la agitación que le trajo el acto de jalar la cadena del inodoro, elige quedarse a la intemperie. Se sofoca, deja expuesto los talones y fija su mirada al techo donde blanco todo queda.

En la sinfonía del acto la polilla emprende vuelo desde el clóset y se posa sobre la nariz. Fulgura la punta de las patitas, extasiado el de mayor masa, percibe –en forma de susurro foráneo- la frase siguiente:

“If you look through my eyes maybe you will find another chance to be like you want. The picture is on the wall and you can’t figure out what it is, unless you change your mind. Without my wings I’m able to fly. Are you?”

Hasta el otro lado.

17/8/09

Lima 16 de agosto del 2009

Casa del nonno

La acallada fluidez del tránsito vehicular, que caracteriza los domingos, era interrumpida por algún distraído peatón que procuraba llegar al otro lado de la calle. Caían gotitas sobre el parabrisas, lo hacían con ritmo y gracia, un artista de los cielos daba pinceladas desde el estilo abstracto de la pintura nubosa. La técnica era el ruido acuático, las gotitas deleitaban al conductor por su particular forma de despedirse luego de desdibujarse. Pero también se presentaban las testarudas, las que esquivaban las continuas embestidas de las plumillas, se burlaban por su hazaña. Imbatibles hasta el freno, ya ahí la gravedad les hacía el juicio. ¡Plaf! Vidrio despejado. Vista diáfana.

Son cambios los que te llevan fijamente a través de cada velocidad. Intercalar posiciones, es el juego de los pies, el uno dos y uno dos de los tobillos. Cuando dejas de manejar por un espacio de tiempo -que ni mantienes en mente- se pierde el hábito y se entra al misterio de no saber si se podrá seguir conduciendo entre las panzonas gotas. Es ahí cuando el estímulo configura el dolor, y la seguridad de un factor preventivo hace que te atrevas a más. A no parar; a no estacionarte en el parqueo de los olvidados.

Pues ella esperaba en el balcón, cobijada en sus paredes ausente del frío y la garúa, tan presente del arribo de él. No era noche, se debatía una reyerta de microclimas, antes de las 5:00 pm apenas se atisbaban a los hombrecillos de las veredas, a esos que están encima solo para decorarlas. Pavimento puesto por hombres en función de los zapatos de otros, de los huecos inexorables y de la basurita que los hombrecillos arrojan a su jefe la vereda.

Al pasar las horas, se compartió el redescubrimiento de facetas tapadas sobre la manta de la niñez. Verla comer era el verdadero gusto, ella se toma su tiempo, coge el cuchillo con una sutileza de algodón, mientras que al lado de la ventana del conductor colgaba el café bañado por las pícaras gotitas que se deslizaban por el Tip Top. La absorción era muda, se mezclaban dentro de la taza en un festival de danza nocturno.

Otro pedacito del sándwich, una mordidita a lo cortado. Y yo que comía mirándola de reojo sin saborear el queso, aprovechando cautelosamente el momento para capturar más la proyección de su imagen definida por el poste de luz que la escoltaba por arriba del hombro. A veces habla y yo no escucho. Es que ya sé qué saldrá de entre sus labios, nos conocemos de antes, de un momento en el que se horneo lo divino y donde la diáspora de virtudes la compuso con una técnica tan hermosa que hacía símil al parabrisas escarchado. Al arte natural de ser ella.

El tobillo quisquilloso controlado, al menos esta noche.

Hasta el otro lado.

9/8/09

Lima 09 de agosto del 2009

Casa del nonno

Menos 24 horas.

Desde el día del padre que no compartía con el padre de mi padre. Cuando lo vi al entrar por la puerta junto a mi hermano descubrí que el ropaje de su cabeza estaba más blanco que nunca y que debajo de su bracito derecho lo acompañaba un bastón elegante y negro. La elegancia la dejé y me preocupé por esa falencia de luz, en los 21 años de carcasa corpórea que me dibujan sobre la vida no lo había visto apoyado en uno de esos. Siempre tan árbol y ahora que veo cómo empieza la hojarasca me da un no sé qué, un no sé cuándo. Papapa.

Al salir de su casa inicié un recorrido nómada entre los parques de Surco, el formato del día fue interrumpido por el sol, los jardines se mostraban más verdes por la iluminación espontánea –qué precioso es el verde-. Niños con perritos jugando a la rayuela que también era verde como los pastos de Santiago. Forzada a erguirse en un terreno que no era el suyo una palmera expandía su sombra por encima de una banca algo sucia y solitaria. Quería ser un espectador de aquella película: el sol, la rayuela y el verde. No me atreví a moverme, esperaba –como pieza de ajedrez- ser movido por una mano dulce y blanquita como los alfajores. Sí pasaría, pero un tanto después.

Fue la Avenida Benavides la que me hizo llamarla, tres días sin saber de ella, de sus ojotes caramelo. Una alerta exitosa era respondida con la celeridad del rayo. Se notaba que la dormilona le colocaba pelusas en la boquita, quería pronunciar a y le salía o. No sé, igual todo se entendía. Le describía lo que por mi costado se pintaba, los tamaños, las rarezas y la pista. “¿Vamos al Tip Top que veo?”, respuesta: “Estoy en pijama”. “Quiero verte –de mi parte indirectamente-“, contestación: “Yo también – de su parte directamente-“.

Y así fue como la temática del bohemio se posó como el título de nuestra noche, una estrella frente a la helada brisa del acantilado. Un par de tés con sabores nuevos, el títere del azúcar y una cucharita. Variedad de libros al lado nuestro, una poesía dejada a la mitad, de un vate que jamás leeremos juntos.

Un bar terminaría la noche y comenzaría el entonces y el no sé. Esa piel tan suave que relajaba cada músculo de mi cuerpo, esa boquita que no imaginé tocar sin manos y el motor oxidado, la bomba sanguínea que tenemos en el pecho no paraba de funcionar. Vibraba y sonaba solo para mí, nadie más percibía el ruido, pero ella tan ella no requería de sus oídos para darse cuenta de la explosión en la que mis conjeturas se disipaban.

Cómo se me ha ido el dinero este mes. El sueldo del practicante y la pasión de un profesional.

Hasta el otro lado.

3/8/09

Lima 03 de agosto del 2009

Casa del nonno

Tuvo que pasar más de diez años para volver a reír con caras cuyo recuerdo se enfrascaba en trazos redondos de la infancia, de miraditas disparadas para la izquierda desde la derecha y viceversa. Enrolando el terciopelo de aventuras pasadas, de comicidades rescatadas y de estampillas protegidas por una cajita de cartón que almacenó por más tiempo lo que en mi consciente yo ya había olvidado. Rostros más recelosos y alargados, elegantes y quietos, parapetados a través de la noche redescubriendo señas y gestos de antaño, mirándose, experimentando la compatibilidad de caracteres, divagando entre el óxido de respuesta y el movimiento de la frecuencia.

Al formar un círculo, debajo de un techo plastificado, con el cuadro del crepúsculo miraflorino que le decía adiós al Starbucks de Larcomar, desprotegiendo cinco espaldas, entregándolas a las tentaciones de la noche, una cámara y un rol de fotógrafo improvisado, flashes sin discreción con el compás del obturador, cada vez que éste grababa la imagen en escena los brazos se juntaban, a la par los dientes hacían gala a la limpieza –algunos con hierro defensivo frente al gesto de la risa- del buen cepillado, orgullo del dentista.

Otro capítulo dentro de una misma novela. El pelo azabache que envolvió al green go, lo opuesto a la compatibilidad fallida, lejana del solo sentir. Una empatía inexorable, un lujo casi imposible de hallar, que volará para volver al irse los meses, la cual –quizá- no vuelva a encontrar. Un amigo –que es casi hermano- me aseguró que hay oportunidades en las que las estaciones de vida que llenan más a uno se hacen esperar, para energizarse y concentrar la voluntad del destino. Alejarse para volverse a encontrar, decir hasta luego, para no terminar con un adiós.

Existe la justificación de conocer la vida del otro para aproximarse al entendimiento y el medio con mayor alcance ha sido la hora… El tic-tac. “Mientras más días pasen, más conocerás a la persona”, el cliché al que nos tienen acostumbrados. Error metafísico: ¿Cómo dos que se han visto nunca pueden hablar como compañeros de varias primaveras? La vigencia de las frases esbozadas se ha venido abajo. No son minutos los que establecen una conexión, si bien la refuerzan no la forman; lo que la compone son las vivencias pasadas, el tono para comunicarlas y la visión sobre estas dos para ser un ser mejor.

Qué feo es el sushi. Dudo mucho que lo aprenda a comer, si es que hay algo que aprender.

Hasta el otro lado.

30/7/09

Lima 30 de julio del 2009

Casa del nonno

*No todo lo escrito es el fiel reflejo de la realidad. Haciendo alusión a la novela.

Besos con sabor a ceniza, una lengua ávida de licor, labios rellenos de magia que los hacían irresistiblemente irresistibles. Ojos pícaros, uno lunarejo el otro fabuloso en su brillo. No era Lima el lugar del encuentro, más al sur dos almas desconocidas se dejaban sentir, sin finiquitar el hecho. El intrépido viento galopaba al socialismo del sentir, al lúdico despecho, a la resequedad de la boca envuelta, del desuso tardío.

Fuera de la cama, sin café, ni libros. Con un factor en la maleta, fresquedal de antojos no comestibles, de ilusiones apagadas al aceptar lo desconocido. Un amigo, que se hizo tal, sin buscarlo, siendo amable y no bueno. Hablando más que preguntando, contando más que indagando. Y la extrañeza de ellos dos, la del sabor y la del amigo, de la dulzura amarga y del orador vacío.

Al llegar, las presentaciones familiares, muchos hola y chau que ya no recuerdo. Otra vez el papel del testigo, la del actor en stand by, el mimo cautivo. De lado de los sillones una ventana que más se asemejaba a un espejo ya estudiado, sin reflejo aparente, pero con una semiótica evidente. La composición: algunas toallas húmedas y un perro con rastros y sin presencia.

Se hizo más noche. Esa suave adicción despertaba al fumador dormido, al particular cigarrillo que se encendía con pasión y no con fuego, entonces las paredes calientes y vibrantes que encasillaban a ese pétalo de sensaciones, a la nodriza rebelde, a los 18 más uno. Un enjambre lleno de deseos y escaso de planes, un ponzoñoso divertimento directo, con la posibilidad a algo más concreto, descartando la burocracia previa al tacto, a esa que se pone enfrente anterior al contacto de dos seres que se huelen, se saborean y no hablan.

¿Será requisito ser compatibles en gustos para poder gustarse? ¿Si yo leo y escribo con la fuerza de un glotón empedernido, el hambre del complemento deberá ser tan exagerado? ¿Para qué otra pluma, acaso la mía no basta para narrar lo vivido? ¿Hablar de Julio o Jorge me harán más feliz, si cuando la veo lo que más deseo es olvidarme de ellos para volver a recordarlos a la hora de escribir frente a la laptop? Desconozco.

Pasó un feriado largo, mañana devuelta al trabajo. Mantenerte ocupado hace que los instantes de libertad sean más regocijantes.

Este mes a usar la tarjeta, eso pasa por comprar gustitos. ¡Qué bonitos! Esa casaca hasta tiene capucha.

Hasta el otro lado.

18/7/09

Lima 18 de julio del 2009

Casa del nonno
Una historia a destiempo II

Cuando hay mucho trabajo por hacer buscas más el momento que el lugar, ese espacio que te permita liberarte de la carga y qué mejor oportunidad que la de hacerlo en paralelo a la descarga propiamente del cuerpo, al desahogo trasero, la tos escondida, el humito maquillado.

Uno saca la laptop para cerrar las diapositivas inconclusas mientras se alimenta el vacío del wáter, avanzas, justificas, grabas, repites y grabas. Al acompañamiento poco plácido de los sonidos del mundo –de mi mundo- y del perfume que los contornea. Contorno y perfil. De repente una llamada, no al celular, sino a la radio. Una alerta insistente comprometida en no defraudar, contesto… “¿Oye ya tienes las diapositivas listas?... Estoy en eso –respondo-, -repreguntan- ¿dónde estás?, -contesto dulcemente, sin mentir- ocupado.” Fin de la conversación.

Si era fastidioso seguir trabajando con mis manos y con el resto, sumarle la comunicación externa ya acudía en demasía. El pantalón por los suelos, el regazo siendo montado por la laptop y la disyuntiva de no atinar dónde colocar la radio. Pues quedaba un espacio, un detalle frondoso –en inverno-, el todo o la nada. Fue el todo para terminar en la nada. La radio entre el estómago y el regazo, complacido sobre el colchón. Repentinamente un picazón una separación de piernas involuntaria. Una pérdida comunicacional, la muerte electrónica de un buen compañero.

Mezclado por la mierda y el agua turbia, la condenada seguía recibiendo las alertas, no daba la vida así de fácil, batallaba como una guerrera hasta el final, dominando las pesadillas y aferrándose a la caca.

Desde arriba y abrigado solo por la mitad superior atisbé la situación, meter la mano a una Caja de Pandora destapada y con sorpresas ya evidentes. El honor o la radio –evaluación-: la radio. El agua no estaba fría era acogedoramente pestilente, el teléfono que se empeñaba en seguir sumergido. Desesperación. Tomarse las cosas con calma y esperar a que un solo movimiento lo atrape y finalmente lo rescate. ¡Upa! Atrapado, poderosamente apestoso y en mano.
Literalmente fue defecado por su dueño, por el rubiecito que perdió el gastado honor.

El tobillo controlado, a la espera del seguro de EE.UU. Todo por buen camino, lento y firme.

Hasta el otro lado.

Lima 18 de julio del 2009

Casa del nonno

Una historia a destiempo I

Hacía frío, mucho frío, es Lima, pero para los que no hemos ido muchas veces que digamos a la nieve es... Frío. Todos los reportes del trabajo terminados, nada pendiente por ahí, hora de salir. Multan por los bocinazos, igual se da el concierto arrítmico, si te concentras tu cabeza arma una partitura criolla, composiciones de lado a lado, ritmos y sabores, lo demás depende de tu inteligencia musical. Do, Re, Mi, Fa, ( ), La y Si –se obvia el quinto, temas climáticos-.

Al llegar a la universidad todo está programado para una hora, el timbre nunca falla, cambios de turno, estudiantes corriendo dándose la maratón de su vida por capturar los dos minutos que sobran para llegar a tiempo. El cuerpo posee asimismo su propio reloj, dentro de esta gama relojera orgánica nunca faltan los que se encuentran en un estado de deterioro –mucha comida-, fallas mecánicas –alcohol y químicos diversos-, errores de fábrica –imperfección genética (¡OH!)-, y demás. El compás de mi relojito anda muy bien, trabaja como si fuera uno suizo, cuando en verdad es uno hecho en California con insumos de muchos sitios.

Los labios van desdibujándose, las mejillas de rosadas cambian a rojas manzana, los ojos se ensanchan y lo que queda se ajusta para que lo que aún no se ve, pero se sabe que está, no salga disparado y te haga ver más caderón. En ese tira y afloja uno se pregunta qué tan lejos la disposición sanitaria se ubica. La alarma del californian watch es imparable, la condenada suena y suena, siempre a la misma hora -6:15 pm.- por diferentes canales. Hay que ser puntuales caramba.

En la universidad son muy considerados, en cada piso de los salones y talleres hay un baño para personas discapacitadas o enormemente culonas –que a largo plazo vendrían a terminar también lisiados, dependiendo el uso por supuesto-, son espaciosos, casi el triple que el resto de los baños. Al costado del inodoro se asoma una baranda metálica donde uno puede apoyarse a la hora de reposar las nalgas sobre el tazón.

Hasta el otro lado.

28/6/09

Lima 28 de junio del 2009

Casa del nonno

Son solo tres colores: rojo, ámbar y verde. Varios universitarios desesperados por cruzar e infligiendo la normativa de cada matiz. Rojo, ámbar y verde, si lo hubiesen respetado esos que ahora dejaron a niños sin comer, a sus parejas llorando en sus pies. Rojo, ámbar y verde. Para, cuidado y avanza. En otros países –sin dar ejemplos- los pequeños ya relacionan las claves, se cuidan con un encanto natural que no fuerza a hacerlos más maduros o inteligentes. Es sentido común reforzado con la imagen del grande, con la autoridad no autoritaria de los ciudadanos que manejan la ciudad.

Los cuatro meses del noveno ciclo terminaron con un mal sabor de boca, se pudo haber aprendido más, los que huyen del conformismo quieren más, se exigen tanto a ellos mismos que evolucionan en unos justicieros con tirria a la enseñanza de poca monta. Estos 120 días me consolidaron mis preferencias, la publicidad es fascinante, rebuscar al medio de alambres enmarañados a la creatividad en tantos aspectos. Pues no es cuestión de parafernalia, mucho menos de dislates con bases de subterfugio. Una vez que armas una forma con los alambres que estaban enmarañados das una pista a la creación. Hay las que son por gusto y las que poseen como columna vertebral a la rentabilidad de los clientes. Las dos son absolutamente válidas, la combinación vendría hacer lo utópico en un 50%, la otra mitad se convierten en parte de la historia.

Al terminar el ciclo buena porción de la promoción se reunió para celebrar el momento, verse por última vez con algunos parceiros –en alusión a mi portugués- . Se tomó, se bailó y se disfrutó ascendentemente. Los serios mutados a bromistas, los borrachines más borrachines y los divertidos medios congelados. Jajaja… Cómo el alcohol afecta a cada uno de nosotros, las reacciones repentinas, las carcajadas soslayadas o capturadas y olvidadas. Toda esta diversión me llevó a pagarla regularmente caro. El fin de semana los pies no me torturaron de dolor, sin embargo, me tuve que poner mi factor y una que otra pastillita para cortar cualquier eventual sangrado. Valió la pena disfrutar el viernes y guardarme el fin de semana, de aquí ya me cuidaré más las salidas, porque cada vez que fuerzo mis tobillos es un daño irreversible.

La esperanza de querer salir de los truenos y la lluvia ácida, de querer correr y sentir la brisa de cada amanecer. De reírme mientras camino, de llorar mientras estoy parado. Ver el verdor de las hojas, extrapolar a las nubes y posarlas como blancas alfombras. Contextualizar en una banca de un parque, las menciones interiores. Pisar la arena caliente y darme prisa a la frialdad del mar contiguo. A seguir a los rayos del sol, no a esos que atraviesan las ventanas, quiero estar al talón de las ráfagas solares amplias, esas pues, esas que dan vida a la vida. Al paseo por el malecón con un cigarrillo entre los dedos. A todo ello le llamo “Hasta el otro lado”; no contiene ningún carácter oscuro o con hedor a muerte. Es querer seguir queriendo. A no estar en la cama viendo a los rayos solares solo por la ventana. Es querer vivir como uno quiere.

Rojo, ámbar y verde. Para, cuidado y avanza.

Hasta el otro lado.

13/6/09

Lima 13 de junio del 2009

Starbucks Begonias

Una vainilla latte, sin azúcar, ni Internet… Igual: encabronado. Me encantaría poder escribir más frecuentemente, el trabajo y la universidad ocupan la mayor parte de mi tiempo –por no decir todo- y las saliditas nocturnas me cuestan mucho remplazarlas por escribir. Es una fuente de desfogue natural manipulado por los efectos del goce. De los vicios naturales, del perfume que aún no consigo, de las chalinas que compré y de la cuales no me arrepiento.

La operación que me tengo que hacer se llama Artroscopia, para los no entendidos, es una intervención a una articulación –en mi caso el tobillo derecho- dañada por un desgaste de los huesos que la componen. Se caracteriza por no aplicar una incisión profunda a la zona donde se va a operar. Se ingresa por los lados con una cámara y un instrumento que realiza la regulación de las imperfecciones óseas que se hallen.

He conversado con varias personas y amigos, el 90% de ellos me recomiendan ir a EE.UU. a realizarme la intervención por el tema de poca medicina en el Perú. Muy aparte de esto, es realmente angustiante buscar a una persona cada vez que debo ir a recoger factor, no siempre se tiene buenos amigos que desinteresadamente te dan un hombro para ayudarte, confirmando su cariño, estableciendo una ruta de pasajes claros donde varias manos impiden que te caigas y si a pesar de ello lo haces, pues te vuelven de pie nuevamente.

La vida es como una planta, necesita de unas raíces fuertes para crecer y dar algún fruto. Al momento de tomar decisiones la concentración debe alcanzar un nivel de excelencia tal que las raíces te mantengan estable y te preparen para enfrentar los vientos más violentos que la tempestad del fracaso traiga consigo y su inmortal recorrer.

Tomaré como indicadores las opiniones recolectadas en mis entrevistas a profundidad informales, resistiré hasta fin de año cuidándome insistentemente, lucharé contra el daño articular que aparezca en estos meses. Una vez operado ya veré qué hacer para obtener lo demás que necesito y que el Perú no me ofrece. Mis padres me hicieron participes de la cultura peruana, nunca imagine que dejaría el ambiente con el que crecí por circunstancias externas a mi planeamiento de vida. Jamás lo hubiese pronosticado.

Hasta el otro lado.
En voz:

5/6/09

Lima 04 de junio del 2009

En el trabajo

Llegó el gran día. Al parecer las cosas andan calmadas en el trabajo, muchos de mis compañeros han entrado en reunión desde temprano. Después de almuerzo tendré que ir al hospital para que me confirmen –luego de esperar medio año prácticamente- si es que me tengo que operar lo más rápido posible o si es que lo puedo posponer por mis clases. Estos últimos días los tobillos me han estado molestando, ya no es uno ahora son los dos, aunque en diferentes grados claro. En el 2009 he tomado la costumbre de colocar en un calendario las fechas en las que me he puesto factor.

Cuando me disponía a cambiar la página de mayo a junio me di cuenta lo mucho que ha incrementado la frecuencia de uso. Cifras que en toda mi vida jamás pensé alcanzar. Recordar que no hace mucho todavía corría sin ningún dolor. Tiempos aquellos. Describir lo que siento, no me ayudará a disminuir el dolor, solo colabora profundamente a entenderlo y vivir con el mismo.

Al despertar, el fuego de sufrimiento coge una fuerza increíble que toma camino desde el talón hasta lo inimaginable del cuerpo, sensaciones mixtas como: “Qué rayos, quiero trabajar. Si no aguanto, no lograré nada. Párate es un día más.” Son constantes en su transcurso. Y no queda ahí, sigue… Llego al trabajo, me siento, continúa el dolor, tengo ganas de ir al baño me paro y duele. Son las 5:00 pm tengo que ir a la universidad me vuelve a doler. Terminan mis clases llego a casa como a las 11:00 pm, ya ni si quiera reconozco lo que veo o pueda sentir. Cantidades grandes de dolor hacen –experiencia habla- que converges con otros mundos donde capaz hay otros como tú o donde quizá hay imágenes en cuyos retratos apareces volando. Sin quejas, sin pies.

La gente está llegando al igual que el trabajo.

Hasta al otro lado.

En voz:
http://www.goear.com/listen/5b33b9e/Lima-04-de-junio-del-2009-Jorge-Milla-de-Leon

25/5/09

Lima 25 de mayo del 2009

Casa del nonno

Si te quedas en silencio, notarás que algo se escucha. Un plano de sonido inofensivo y desconocido. Hay veces en que lo inocuo deja de cumplirse, un respingo de ausencia despierta el miedo: quedarte solo contigo mismo. Es la batalla más antigua de la historia humana, es la cubrecama mal lavada, que con su polvo, hace estornudar repetidas veces, sin pañuelo que lo disuada, mejor es prender la TV o hacerse el soñador dormido –hay los despiertos, espécimen en riesgo de desparecer-.

Con el tiempo lo incomodo se torna costumbre sino queda de otra, el taller de relaciones públicas ha convencido a mi bloqueo voluntario, que de algo sirve, es una buena vitamina para la carencia del sentido común. Me sumerge en la melancolía haber sido testigo del nivel colegial de gente universitaria a la hora de exponer. Rezagos escolares, falditas a cuadros medias levantadas, las papitas fritas por las mañanas húmedas de recreo miraflorino. Da pena si los mandamos de vuelta. Ya no entrarían en las carpetas educativas secundarias. Son otro nivel, un escalón picado, muchas polillas yacen dentro con huevecillos incluidos.

Este sábado me enteré de que la salida para la deficiente administración de medicina por parte del hospital donde me trato se transformaría ahora en entrada completando así un círculo. Un hámster corriendo lastimado intentando alcanzar el otro lado, dos ratones de laboratorio ocupan la misma jaula, lo detienen de ambas patas, ya no avanza a la misma velocidad, se fatiga… Cae y no se rinde. ¿Testarudo? No, constante.

Ya la semana siguiente es junio, se aproximan las respuestas.

Estoy contento en mi nuevo trabajo, la gente es cordial, hace que te sientas rápido como en familia. Tratan de maquillar las jerarquías, no te diferencian, no te dejan atrás. Muy bueno eso. Estoy acumulando una gama de conocimientos al ritmo de una canción ochentera: un intro estilizado y seguro, un cuerpo de letras feeling con los ricos punteos de un solo, y un desenlace potente que te hace pulsar el botón de siguiente. Track 02.

Casi la 01:00 am, hay que trabajar más tarde, quiero un café, si lo hago no duermo. ¡Rayos! Desespero. ¿Sino duermo, muero? Mejor para después. Cierro la laptop.

Hasta el otro lado.

17/5/09

Lima 17 de mayo del 2009

Casa del nonno

Con cama nueva mi espalda dejó de reposar sobre terreno baldío, buen tiempo tuvo que pasar para gozar las bienaventuradas comodidades de un colchón ortopédico. Ha sido propicio el momento de la compra, mañana comienzo en mi nuevo trabajo (la central de medios más pequeña), el horario de entrada es a las 9:00 am. Estos tres meses de desempleo obligatorio me quitaron la costumbre de conectar actividades ininterrumpidamente, volveré a administrar mis tiempos. Es sabido que los inicios traen alegrías, me encuentro emocionado, está experiencia será armónica para definir mi lado profesional.

El fin de semana estuvo espectacular, lo pasé con gente que me hace sentir dentro de una pequeña esfera, compleja, dinámica y misteriosa. Esta epifanía a los eventos no probabilísticos me dan un respiro de lo común de la vida, un hálito al desayuno, almuerzo y comida. Al ir y venir. Al pensar y fantasear.

Mamá se irá de viaje mañana por toda una semana, me inquieta no saber quién podrá recoger la medicina para mi hemofilia todos los jueves. Con el trabajo no tendré tiempo de hacerlo. Papá lo haría con gusto; la chamba lo aprieta. Como siempre, ando buscando una ruta que me lleve al cuidado de mi salud y a la paz mental. Veremos qué pasa.

Extraño en demasía al grupo del taller de publicidad, los nuevos integrantes del taller de relaciones públicas, todavía no adquieren el hábito de comunicación fluida. Tenemos horas de horas para hacer los trabajos que nos dejan, la falla surge por confiar datos vitales a una persona que tiene otras prioridades. Ausentarse sin intención, crasa desventajilla.

Se sigue en la espera del mes decisivo –junio-. Esta semana pude hablar con gente de hemofilia B mayor que yo, con recorrido, logros y problemas. Depurando las largas conversaciones me he dado cuenta de que sí se puede, hay cosas por hacer, la cuestión es actuar anticipadamente. Poco a poco se consiguen las pistas del porvenir.

No tengo sueño, podría quedarme más horas leyendo, escuchando y escribiendo. Es así que escrutar el panorama de mis interiores llenará el espacio en blanco por el que deambulo taciturno. Un cigarrillo cerraría la noche con broche de cáncer, los antojitos mortales de la vida. Curtido desde pequeño, siempre es recomendable una que otra escapadita cautelosa.

Hasta el otro lado.

12/5/09

Lima 12 de mayo del 2009

Cafetería de la universidad

El sábado pasado me dedique –aproximadamente por la tarde- a contarle a la familia paterna todo lo referente a el estado de mi tobillo, como también las rutas que existen y la duda que se tiene dado el desconocimiento momentáneo. La acogida fue mayor de la que se esperaba, vítores alentadores, buenas vibras, los mejores deseos y la voluntad escondida de querer ayudar más adelante si es que se les necesita. Lindo e inesperado.

Esta semana rendí la segunda prueba en una central de medios a la que estoy postulando, el día anterior al discurso familiar, fui sorprendido en la universidad por el profesor de esta materia, el cual me contacto con una persona que trabaja actualmente en otra empresa dedicada al rubro. Hoy acudí para la entrevista, la gente es seria, con gran compromiso sobre sus responsabilidades. Lo que destaco de la segunda radica en que están dispuestos a entablar un proceso de capacitación que permita al practicante desarrollarse profesionalmente junto al asesoramiento y mirada de expertos en el tema.

Aún me hallo en la dulcera espera, no son nueve meses, a pesar de ello, desespera un tantito. En lo personal prefiero que sea en la de hace unas horas, porque veo futuro, percibo ganas de impulso hacia un horizonte sólido en cuanto a la competitividad.

Todo esto deja una ligera duda: ¿Cómo trabajar si se está mal de salud? Pues la respuesta a ello no es tan ligera como la pregunta. La idea es ir practicando hasta tener una respuesta definitiva del paso que se tomará. Una vez se tenga esa luz, se procederá a viajar o someterse a un tratamiento u operación dentro del país. Mientras tanto, consideró que se están llevando bien las cosas. No es óptimo dejar de aprovechar el tiempo en fortalecer tus capacidades. Siempre luchar y querer más; no conformarse.

Del lado del factor, no me inyecto desde el miércoles pasado. Me he estado cuidando mucho para no forzarlo. Lo que me fastidia es tener que salirme de uno de estos dos posibles trabajos para mejorar mi tobillo, me gustaría ya quedarme, esforzarme y crecer. En fin es lo que se debe hacer.

Mi viejo se ha puesto las pilas, está buscando contactos para compartir experiencias. Esas mismas pilas las he usado para juntarme más con personas de la Asociación de Hemofilia. El sábado familiar terminó con tufo emanado por el linaje, con veneración a la bebida.

Hasta el otro lado.

8/5/09

Lima 08 de mayo del 2009

Starbucks Larco Miraflores

Después de tiempo que vengo a tomarme un rico café al agujero negro limeño. Starbucks tiene una magia única, su gente, el ambiente, etc… Que no se encuentra en cualquier lado, te da ganas de hasta traer tu sleeping bag y reposar hasta el amanecer frente a tu laptop o un buen libro. Siento que las preocupaciones se quedan fuera de la entrada, sin ningún esfuerzo de mi lado. Un espíritu bohemio domina mi ser, se amortigua con la salud, aún así, no se detiene y sigue volando por encima de mi cabeza, motivando mis pasos.

Hoy volveré a la universidad, luego de haber faltado tres días por el problema del tobillo. Ayer pude conversar con algunos amigos del taller de relaciones públicas, ha habido ciertos avances, algunos desertores y pocos trabajos considerables. Ahora temprano cumplí con mandarles un mail ofreciendo mi ayuda, es evidente que mi apoyo ha sido escaso –por no decir ninguno- en mi ausencia. Se me está volviendo costumbre, esto de divagar en mis temas y perderme con mi vínculo externo. Albur mental.

Estuve investigando sobre tratamientos no tan extremos para la dolencia del tobillo derecho que tengo, encontré más información sobre la alternativa planteada por algunos amigos y profesionales del linaje: la radiosinovectomia. El lugar donde me haría el tratamiento sería en Arizona donde mi tía y su familia viven desde hace años. “La tía Lili” quedó en tocar el tema con su esposo –“el tío Jorge”- ya que es una situación compleja que requiere de paciencia y constancia. Siendo sinceros eso de incomodar a otros está en mis top 10 de cosas que no se debe hacer, pero evaluando no tengo muchas opciones que digamos. Lo que faltaría para que esto se pueda volver realidad parte de la respuesta de mi tía y el veredicto final del traumatólogo junto al de mi doctora.

El tratamiento me ha llenado de una acogedora esperanza que guardo con recelo, esto de creer se siente tan bien. En los últimos años mi manera escéptica de ver el mundo, me ha vuelto un as del pragmatismo, perderme en este campo claro y sin piso concreto hace que mis pies no prueben el suelo de otra tierra. Uno se va enmarcando en un cuadro parcial, consumiendo exclusivamente lo que la realidad provee, y dejando el postre divino en el refrigerador del NO.

Llevo casi tres horas dentro del local, es tiempo de volver a casa y almorzar.

Hasta el otro lado.

6/5/09

Lima 06 de mayo del 2009

Casa del nonno

Las cosas andan medias revueltas. El hospital me viene dando factores (de diferentes laboratorios, pero medicina al fin), mi pie sigue haciéndome faltar a mis clases, y la universidad perdió lo interesante de publicidad volviéndose solo para el lado de relaciones públicas, que sinceramente un sujeto con sentido común puede hacer el trabajo de lejos. El anterior taller exigía un nivel de conocimientos, como de intuición, utilizabas realmente tu talento y capacidad de análisis, en cambio, ahora, todo se enfrasca en purita abstinencia cerebral.

Durante toda mi infancia me mantuve lejos de otros pacientes hemofílicos, sin alguna razón en particular, alejándome tontamente de una realidad a la que yo pertenezco, siendo esquivo perdí experiencias que me pudieron haber ayudado en esas noches de dolor por los sangrados.

Siempre intenté practicar las actividades de mis amigos no hemofílicos, eso tuvo como resultado un listín de complicaciones, las cuales las hubiese evitado –en su mayoría- con eventos menos riesgosos. El trompo, las canicas, el fútbol, la bicicleta, mata gente, las carreras, etc. Eran una constante, la patología de la niñez: jugar o ser jugado. Si te comportabas desigual, sería el trato que recibirías. Una selva de cemento, donde, en vez de animales feroces y peligrosos, corrían niños con inocencia desviada hacia la incomprensión.

El día de ayer continué con mi investigación de alternativas para mi pie de Aquiles –es más que el talón- y hallé dos medidas que a amigos hemofílicos les pareció exagerada y a la doctora, que me trata desde hace años, súper extremista. La primera, consistía en fijarme el tobillo para que no haya más dolor, comprometiendo negativamente a las demás articulaciones por el esfuerzo; y la segunda, hablaba de una prótesis que eliminaba el sufrimiento paulatinamente alrededor de cinco a diez años en promedio, dejando a la primera opción como segunda de ésta. Me comentaron de un tratamiento novedoso que antes no había escuchado. Trata de un químico que va inyectado de frente a la articulación afectada causando que el cartílago se endurezca y el dolor se vea menguado considerablemente. No es tan caro, está accesible al nivel económico que se posee, lo particular está en que se debe viajar al extranjero para podérsela realizar. No es preciso ir hasta USA, inclusive en países de la región está en práctica.

Tengo unas ganas locas de ir a Starbucks.

Hasta el otro lado.

27/4/09

Lima 27 de abril del 2009

Casa del nonno

El último año de universidad -dentro del taller de publicidad que ésta maneja- me ha hecho sentir que la vida en un proyecto de agencia converge entre una nube tormentosa de irresponsabilidades y un rayo poderoso de responsabilidad. Ahora cuando el rayo traspasa –a los que se encuentran dentro de las nubes grisáceas- el dolor de ser penetrados es tal, que comienzan a lloriquear o hacerse los valientes efímeros. Esta valentía de poca monta me convence que un aspecto innegable del peruano es tener miedo a decir la verdad y cuando se la dicen optan por hacer una escena ridícula y pasar encabronadamente desapercibido por su(s) falta(s).

Lo más sad de la historia es que te llegas a acostumbrar a vivir con ese tipo de gente que se aprovecha de tu esfuerzo de esas sanguijuelas que chupan, chupan y chupan hasta que sufres una metamorfosis y comienzas a buscar sangre nueva para volverte como ellos.

La solución radica en no dejarte desangrar y hacerles el pare desde el inicio, al comienzo caerás espeso por no ser como ellos, al pasar el tiempo se darán cuenta que estás en lo correcto y ocurrirán dos cosas: la primera, parte del grupo te respetará y se unirá a tu visión acertada de las cosas; segundo, los chupasangre tendrán más hambre que nunca. Ya no habrá la misma cantidad de alimento que solía existir antes de tu llegada, se desesperarán y como consecuencia les quedarán dos opciones: la primera, dejarse de cojudeces y aportar en el trabajo; segundo, odiarte tanto que se apartarán del grupo en busca de su alimento (sangre del algún pelotudo que los aguante).

Cambio a la salud, bueno, está siendo tratada de una forma profiláctica, es decir, preventiva, esto me ayuda a no estar tirado en la cama por tantos días, sin embargo, los dolores siguen frecuentándome de cuando en vez. Ya es casi un mes de mi última recaída, ha pasado realmente veloz. Este miércoles que viene es mi exposición del proyecto de tesis y mañana mi final en el taller de publicidad lo que me dejará libre para experimentar el de relaciones públicas que por lo visto será mucho más tranquilo que el primero.

Por el momento ando en la búsqueda de un empleo, lo que consigo no me alcanza y ya me cansé de andar pidiendo. Lo difícil es que mi pie aguante y no me haga renunciar una vez más.

Hasta al otro lado.

Lima 28 de marzo del 2009

Casa del nonno

Un día más sin poder salir, mis amigos no dejan de llamarme para compartir con ellos, es una constante, me muero por vivir mi edad y no lo estoy consiguiendo. Qué tremenda joda.

Hoy me salió un grano leve en la mejilla derecha, detesto cuando la espontaneidad cutánea se hace manifiesta. Recuerdo que este tipo de problemas era un bajón en mi autoestima a la hora de salir con mis amigos y mucho más fuerte si hablamos de sílfides. En estos días el problema no es tanto dirigido por un factor estético, sino de salud física. Es oportuno mencionar que me siento apto para caminar, las cosas han tomado su curso positivamente, pero en cualquier momento puede atacar de nuevo. Las imágenes de mi libertad anterior las siento tan distantes.

No he llamado a Showie por su cumpleaños, lo haré mañana; a la que sí llamé fue a Majo, para ser sincero, en primera instancia, no lo iba hacer, pensé que –por ser su onomástico y por ser la hora del almuerzo- estaría degustando de comida china junto a su familia, a los pocos minutos me responde el mensaje de texto diciendo que sino llamaba la cuestión se iba a poner de color rojo, así que dubitativo y temeroso cogí el teléfono y la llamé.

Mi pie ha entrado a un lapso de progreso, aún así, me corroe el deseo incalculable de salir a divertirme, no soporto estar metido más tiempo en casa, necesito escaparme y amanecer fuera del conflicto del tobillo, ya son meses que tengo que lidiar con ello.

Estoy leyendo un par de libros simultáneamente, en la universidad el trabajo se concentra en el taller, los trabajos “domésticos” han quedado en el olvido. Estos libros son dos: las crónicas de un periodista mexicano muy rico en imaginación parafernalia y muy dejado en la puntuación, qué mierda, igual el tipo es muy divertido y me hace viajar por sus aventuras turísticas o encontrar asombrosos a personajes que igualaba –en cuanto a importancia- a mis ganas de quedarme en casa; el otro libro habla de los irregulares manejos que el ejército peruano cometió en época del terrorismo, este patín Uceda logra emancipar los hechos desde la oscuridad del SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército) hacia una plataforma con una verdad polarizada sanamente, sería, pues, imposible que se narre –gracias a la investigación- todo con detalle y lujo.

Seguiré viendo la tele, que como se comprenderá, es una de las actividades que puedo hacer por el momento.

Hasta al otro lado.

Lima 26 de marzo del 2009

Casa del nonno

Cumplí mi palabra como todo un caballero: derroté a la consistencia. El día comenzó muy temprano tenía la vaga ilusión de sentirme mejor y no tener que faltar a mi segundo examen de portugués, pero Dios y sus santos no tardaron en confirmarme su inexistencia. Perdí la prueba, tendré que hablar el lunes –si me recuperó- con los profesores para que me programen otra fecha. He sido testigo varias veces que por motivos menos importantes y más apasionantes que los míos alumnos han justificado sus inasistencias por viajes o engreimientos.

Al casi terminar la mañana María José me llamó a mi casa, ella no cree que cada vez que me llama tan solo mencionar su nombre me sumerge en una serie de recuerdos tristes, a una cantidad numerosa de caricias que tuve con su homónima de primer nombre y a su opuesta en inocencia con la misma estúpida ternura.

Hablamos de mucho diciendo tan poco, oí demasiado escuchando susurros, perdido en mi locura, sin llegar a quedar ciego. En tiempo de sicóloga la que me trataba afirmaba que la redacción liberadora junto a un diario era la mejor solución para el bienestar mental. Me daba mucha pereza cometerlo, ahora tengo una laptop, el medio es divertido, me desahoga de cuando en vez, parto a una realidad distinta, me torno en un esquizofrénico nocturno, tunante con el teclado, más sincero en la escritura.

La parte con trascendencia histórica tomó lugar con el concierto de Iron Maiden, compré mi entrada hace tres meses aproximadamente con ansias de ver a los legendarios británicos, para acabar escribiendo en este ‘diario’ mientras miles de fanáticos aguardan por los grandes. Es una parte que me duele incluso más que el pie y la única manera que tengo de canalizar el enojo es continuar presionando estas teclas.

Mi abuela está siendo operada desde las seis de la tarde, aún no me confirman si todo está OK, siguiendo lo que me dijo mamá las probabilidades de que todo sea un éxito son mínimas, el cáncer avanzó mucho y se desconoce qué acción será tomada para darle una mejor calidad de vida, ya sea incrementar sus chances indefinidamente o ponerle un cronómetro mortal en el cuello y hacerla correr en una faja de muerte hasta que el número del indicador llegue a dos años o quizá mucho menos.

Hasta al otro lado.

Lima 24 de marzo del 2009

Casa del nonno

El examen de portugués estuvo totalmente fuera de lo que tenía pensado, las lecturas largas en su extensión y simples en su contenido terminaron quedando guardadas en el libro por un tiempo indeterminado. No cabe duda que el concepto de este ciclo -que ya termina- difiere en su estructura del anterior, las historias brasileras, las leyendas poco conocidas aterrizaron luego del largo viaje de aprendizaje.

Al terminar el examen en el Centro de Estudios Brasileros, quise ir con muchas ganas donde mi abuela y mi mama para saludarlas y saber cómo estaban. Todo comenzó con un ligero hedor de resentimiento al entrar por la puerta, es como si siempre estuvieran dispuestas a hacerte sentir realmente mal, no obstante, el cariño que tengo hacia ellas es más fuerte que sus cojudeces. Y voy…Sigo yendo.

Los minutos se iban para jamás volver cuando de pronto mi mamá se acerca y me dice que quiere conversar conmigo, ella nunca quiere conversar, lo que le gusta es hablar, pero no preguntar –caso muy distinto al de mi padre, cuyo interés por saber de mí es tierno desde ojos externos y desde los míos desesperante-. Me asegura que las cosas con la abuela están mucho peor de lo que se había dicho, que era muy probable que se vaya como los minutos: para nunca volver. Este jueves la operan y no se sabrá de su destino hasta que el médico termine con ella en el quirófano.

Al irme de la corta visita, y obviando muchos detalles, el pie que me tiene esclavo del dolor hace meses comenzó a darme señales que la batalla no ha terminado y que me costará mucho ponerle un coto o mantener la ilusión de que se podrá.

Compañeros de la universidad llegaron a mi casa a las 3:00 p.m. para hacer un trabajo de investigación de mercado, aún tenía la esperanza de mejorarme y no tener la necesidad de faltar a la facultad. Me equivoqué. Se fueron con rostros sorprendidos, suficientemente sanos para irse caminando, necesariamente jóvenes.

La idea de hacer un diario es para reducir la preocupación que me rodea, exteriorizar lo que siento. Dudo ser constante con respecto a los días, a pesar de ello haré lo posible. Mañana hay actividades importantes de realizar, desconozco si podré hacerlas. Se llama Hemofilia señores.

Hasta al otro lado.