27/4/09

Lima 26 de marzo del 2009

Casa del nonno

Cumplí mi palabra como todo un caballero: derroté a la consistencia. El día comenzó muy temprano tenía la vaga ilusión de sentirme mejor y no tener que faltar a mi segundo examen de portugués, pero Dios y sus santos no tardaron en confirmarme su inexistencia. Perdí la prueba, tendré que hablar el lunes –si me recuperó- con los profesores para que me programen otra fecha. He sido testigo varias veces que por motivos menos importantes y más apasionantes que los míos alumnos han justificado sus inasistencias por viajes o engreimientos.

Al casi terminar la mañana María José me llamó a mi casa, ella no cree que cada vez que me llama tan solo mencionar su nombre me sumerge en una serie de recuerdos tristes, a una cantidad numerosa de caricias que tuve con su homónima de primer nombre y a su opuesta en inocencia con la misma estúpida ternura.

Hablamos de mucho diciendo tan poco, oí demasiado escuchando susurros, perdido en mi locura, sin llegar a quedar ciego. En tiempo de sicóloga la que me trataba afirmaba que la redacción liberadora junto a un diario era la mejor solución para el bienestar mental. Me daba mucha pereza cometerlo, ahora tengo una laptop, el medio es divertido, me desahoga de cuando en vez, parto a una realidad distinta, me torno en un esquizofrénico nocturno, tunante con el teclado, más sincero en la escritura.

La parte con trascendencia histórica tomó lugar con el concierto de Iron Maiden, compré mi entrada hace tres meses aproximadamente con ansias de ver a los legendarios británicos, para acabar escribiendo en este ‘diario’ mientras miles de fanáticos aguardan por los grandes. Es una parte que me duele incluso más que el pie y la única manera que tengo de canalizar el enojo es continuar presionando estas teclas.

Mi abuela está siendo operada desde las seis de la tarde, aún no me confirman si todo está OK, siguiendo lo que me dijo mamá las probabilidades de que todo sea un éxito son mínimas, el cáncer avanzó mucho y se desconoce qué acción será tomada para darle una mejor calidad de vida, ya sea incrementar sus chances indefinidamente o ponerle un cronómetro mortal en el cuello y hacerla correr en una faja de muerte hasta que el número del indicador llegue a dos años o quizá mucho menos.

Hasta al otro lado.

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