3/8/09

Lima 03 de agosto del 2009

Casa del nonno

Tuvo que pasar más de diez años para volver a reír con caras cuyo recuerdo se enfrascaba en trazos redondos de la infancia, de miraditas disparadas para la izquierda desde la derecha y viceversa. Enrolando el terciopelo de aventuras pasadas, de comicidades rescatadas y de estampillas protegidas por una cajita de cartón que almacenó por más tiempo lo que en mi consciente yo ya había olvidado. Rostros más recelosos y alargados, elegantes y quietos, parapetados a través de la noche redescubriendo señas y gestos de antaño, mirándose, experimentando la compatibilidad de caracteres, divagando entre el óxido de respuesta y el movimiento de la frecuencia.

Al formar un círculo, debajo de un techo plastificado, con el cuadro del crepúsculo miraflorino que le decía adiós al Starbucks de Larcomar, desprotegiendo cinco espaldas, entregándolas a las tentaciones de la noche, una cámara y un rol de fotógrafo improvisado, flashes sin discreción con el compás del obturador, cada vez que éste grababa la imagen en escena los brazos se juntaban, a la par los dientes hacían gala a la limpieza –algunos con hierro defensivo frente al gesto de la risa- del buen cepillado, orgullo del dentista.

Otro capítulo dentro de una misma novela. El pelo azabache que envolvió al green go, lo opuesto a la compatibilidad fallida, lejana del solo sentir. Una empatía inexorable, un lujo casi imposible de hallar, que volará para volver al irse los meses, la cual –quizá- no vuelva a encontrar. Un amigo –que es casi hermano- me aseguró que hay oportunidades en las que las estaciones de vida que llenan más a uno se hacen esperar, para energizarse y concentrar la voluntad del destino. Alejarse para volverse a encontrar, decir hasta luego, para no terminar con un adiós.

Existe la justificación de conocer la vida del otro para aproximarse al entendimiento y el medio con mayor alcance ha sido la hora… El tic-tac. “Mientras más días pasen, más conocerás a la persona”, el cliché al que nos tienen acostumbrados. Error metafísico: ¿Cómo dos que se han visto nunca pueden hablar como compañeros de varias primaveras? La vigencia de las frases esbozadas se ha venido abajo. No son minutos los que establecen una conexión, si bien la refuerzan no la forman; lo que la compone son las vivencias pasadas, el tono para comunicarlas y la visión sobre estas dos para ser un ser mejor.

Qué feo es el sushi. Dudo mucho que lo aprenda a comer, si es que hay algo que aprender.

Hasta el otro lado.

3 comentarios:

  1. aa me encanta como escribes sabes?? xq no entiendo ni mierda jajajaj no mentira pero n verdad no entendi la segunda parte jajaj es q la primera parte habla del reencuentro facil x eso lo entendi jajaja ... alucina q yo siempre e jurado q se varias palabras pero aloq ya me di cuenta q naaaa.. tb hacs tus textos super yuks ..roca pero lindos.. pero roca jajaja

    ResponderEliminar
  2. si es bien feo el sushi,pero tu eres tan lindo escribiendo!

    ResponderEliminar
  3. ¿Cómo dos que nunca se han visto pueden hablar como compañeros de varias primaveras?
    Solo es empatía.
    Bueno el sushi es horrible , dudo que algún dia termine gustandome.
    Oh por Dios, tienes fans cibernéticas xD

    ResponderEliminar