16/9/09

Lima 16 de setiembre del 2009

Casa del nonno

Parece mentira cómo la vida se escapa por un solo arrebato del destino. Un instante, un palmazo por detrás de la espalda, sin mayor aviso. Así como nacer, otra ley natural es el acabose: morir es ley de vida –Jorge Drexler-. Hace no más de dos meses que compartíamos un café en el atardecer de Miraflores. La foto que él me tomó me sirvió para cautivar a la mujer que amo. ¿Por qué no me diste tiempo de agradecerte la toma?

Lo dejé de ver casi diez años, desde que éramos niños, más inocentes, más alegres, más gorditos. Las bromas de salón, los papelitos en bolita que venían a mi asiento como meteoros que traspasan la atmósfera y caen de un golpe seco al suelo que nunca más dejan.

No obstante, el destino se portó con decoro, me permitió abrazarlo ese domingo por la noche. Dejar reír, como dejar el viento pasar por los espacios no protegidos de mi chaqueta negra. Pues hay que tener cautela al caminar por un puente, fijarse de antemano si cuenta con un pretil que asuste la caída y mejor todavía si un parapeto se iza hacia el cielo como la bandera que veía con Ricardo en la formación los lunes por la mañana.

Elucubrar su partida fue –a pesar de la aversión- lo que tuve. El trabajo estaba fuerte, todos salían y yo que no insistí, ni luché para verlo por vez última, pues, ulterior -si es que no existe un después- suena a ironía. Los demás fueron a verlo, me llamaban y no los escuchaba a ellos, el tono mutaba y las notas ronquitas me reclamaban que esté presente y el trabajo y yo que en el fondo no quería… Puedo con el “hasta luego”, pero el “adiós” me llena de dudas como también de cierto miedo.

Hoy no fui a trabajar, el hombro sigue exhaustivo. Me siento más apaciguado que ayer, sin embargo. A esto se le suma acostarse tarde y no reposar como se debe. El consejo es no ir a la facultad y creo que lo dejaré ir –a la recomendación-, ya falté una que otra vez, hay que guardarlas; se agotan.

En cuanto al seguro de Estados Unidos los trechos andan encauzados. El 24 de noviembre iré a California para superar lo que parecía insuperable. La perseverancia, hosca compañera.

Hasta el otro lado.

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