27/9/09

Lima 27 de setiembre del 2009

Casa del nonno

No podía quedarme más tiempo en el trabajo. El día era sábado e igual me encontraba frente a la computadora con el objetivo de disminuirle la carga al lunes, era como enfriar el café de una taza a la otra, viendo cómo el líquido oscuro corría desde la base hasta el borde y así sucesivamente. Se reitera la expansión del café en la exhaustiva lucha del enfriamiento.

Una despedida violenta, la deuda sin cancelar y puesta a la espera, el retiro del cajero, del ATM pues hombre que se entienda. Y los peldaños se reducían, se alcanzaba la salida para volver a traspasar una entrada. Es así de simple: sales e ingresas. ¿La vida una serie de puertas?

El brazo derecho se erizaba en una respingada rectitud formando 45º invertidos, el taxi que frenaba al ver los dedos blancos enfrentandos a una esquina solitaria. La dirección, paso seguido la negociación, seis, siete, ocho… Se cierra la puerta, se vuelve a entrar a algo y avanza. Ya la tardanza se convertiría en un actor primordial en esa tarde de celebración.

Bajo al sótano luego de cruzar –nuevamente- un línea no señalizada en el suelo, pero muy presente. El presidente de la asociación confundido con el móvil en la mano, surge la duda del reloj y contesta que aún los invitados no cumplen en asistir y yo apurado, el trabajo, los ocho. La descripción de lo armado, sillas verdes en dos columnas con varias filas, los bocaditos a la izquierda y las caras de los ya conocidos –una que otra chica nunca antes vista-.

Los participantes iban mostrando sus rostros multi generacionales desde un adulto mayor con muletas hasta un gordito vivaracho aprovechando la energía para sentarse adelante y para engullirse todas las galletas posibles.

Da cabida al opening las palabras que como fin tienen capturar la atención más que informar, la proyección de un armado fotográfico en un ecran de momento, en la maña de la improvisación. El mago de pocos años, el siete de cocos pegado en el techo y mi gesto paralizado por la sorpresa y la vergüenza inmediata a ese instante.

Cuando de repente un tirón por la nuca, un jalón de cabello. La amiga que nunca falla y que aparece cuando uno más necesita tener a alguien que comparta lo vivido. La sorpresa de recordar a las pocas personas que dan sin fijarse en qué hay de vuelta. La pura expresión de lo que es querer. Y el maguito que seguía con los trucos y yo que me sentía más entrada y menos salida.

¡Feliz cumpleaños nonno!

Hasta el otro lado.

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