20/12/09

Lima 06 de diciembre del 2009

Aeropuerto de Los Ángeles

Y así pasaron 15 días como caballo galopante que levanta polvo, que ciega a los de atrás, pero que no llega a la meta, porque en verdad para ser cuadrúpedo tiene que seguir en la carrera, el detenerse en un eventual final, tendría el mismo efecto para éste.

Dejé a la familia armado el escenario navideño, las luces que abrigaban las tejas, la puerta que adquiría gesto con la mirada de un reno feliz. Y la sala, la cocina todo con bolitas rojas y personajes rechonchos, liderados por el más gordo de todos: el famoso Santa Claus.

Anticiparían a los abrazos de despedida, el recojo por parte del amigo, una por una las maletas dejaban sin cabida a la parte de carga del auto rojo. Ya no era una, sino dos las que acompañarían el viaje. Todo listo. El motor se prendía y yo que entraba para el adiós. Uno por uno –así como las maletas- fui abrazándolos y diciéndoles lo agradecido que podía estar por la ayuda recibida. Cómo nunca olvidaría el gesto y cómo regresaría a Lima ya no con una conocida, sino con varios amigos.

Vuelvo a Lima, más tranquilo y entusiasmado. Tranquilo por mi vida ya más regulada y con entusiasmo.

Last call para mi vuelo.

Hasta el otro lado.

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