3/8/10

Lima 27 de julio del 2010

En MEC
Ahora tengo que usar guantes porque el frío entra a través del algodón, la piel –tejidos- y cala hasta el hueso hincando desesperadamente hasta que te tomas algo caliente y se pasa. Entre las bebidas de esta calaña se tiene, pues, el café –mi favorito-, la manzanilla –cuando ya no hay de otra-, y el plurigrano de Starbucks. Si se compara el primero con el tercero se puede connotar que en verdad el insumo es el mismo, pero la experiencia sí que es otra. No lo digo por el sillón, tampoco el WI-FI, sino por el hecho de saber que hiciste de gran payaso. Del Payaso Sonrisas –ver Toy Story 3-. Sonríe mucho, alza la nariz, que el logo se vea bien, tomate lo que puedes preparar en casa, sin gastar adicionalmente, y cuando te encuentres con alguien por el camino y te pregunten: ¿Qué hiciste? Responde mostrando los dientes: “Fui a Starbucks”. Un desesperando B mostrando el brillo de los colmillos por convertirse en un A (ss).
Volvamos a la lana de los guantes, o sea, al frío. Para no perder la esencia de este blog, pero cumpliendo la promesa de hace unos posts atrás pasaré a hablar sobre la Hemofilia y el invierno. Se escucha G&R a lo lejos.

El invierno y las articulaciones
Bueno, en este punto, hay que ser delicados cuando se habla de dar el primer paso luego de una noche helada. Colocar no más el talón ya te encrespa el cuerpo entero. Hay mañanas más fuerte y otras en las que poner el otro pie ya amortigua las consecuencias de la noche frigorífica. Una alternativa es la de envolver las articulaciones afectadas por tantos sangrados con medias gruesas, de lana, doble media, calentadores o si quieres pásale la voz a tu abuelita para que duerma contigo y te abrace esa unión de huesos que tanto te duele. De todas formas la temperatura llegará a darte un besito.

El invierno y las venas
Cuando estás en reposo, sin actividad física, excesivamente gordo o cuando hace mucho frío las venas tienden a irse a dormir a sus casitas. Son largas y generalmente verdes. Para un hemofílico es sustancial que éstas sean imparables y muy penetrables. Imaginar una revolución de las mismas asustaría a cualquiera de la veneración. Pero… No olvidemos que es invierno y la escapatoria de estas traviesas se frustra practicando alguna actividad física y con una mantita polar. Si quieres celeste y con flequitos –la mantita claro-.

El invierno, los hemofílicos y las veredas
Anda mojado, la garúa se agranda con el pasar de los días, así que ajustarse bien los ojos o los lentes. Una caída de esas te recordará muy bien a los dos ladillos anteriores.
Sí que ha sido una semana de sorpresas, ya se hablara de ella cuando las cosas aterricen un poco más.
Hasta el otro lado.

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