19/10/10

Lima 19 de octubre 2010

At KC

Tiempo que no me dedicaba a si quiera leer un poco de poesía, bueno, no exactamente leerla, sino, más bien, verla. Hay una entrevista buenísima que le hacen al peruano Jorge Eielson, donde inicia él su bateria de respuestas ocultando la cara detrás de una máscara muy azul con pequeños destellos de luz por todos lados. Al sacársela responde que se siente más dentro que fuera, es decir, más máscara que poeta.

Al escucharlo, no me imaginé que fuese tan inteligente y tan gay. Esto no significa que los homosexuales no sean capaces, pero sí que su ternura englobó más que su escritura. Es cuestión de gustos, uno puede ser bien hombre -no estoy seguro si es que alguien lo es- y ser un mujeriego que engaña a su familia, que mientras la esposa lo espera en casa con una sonrisa, paga por ver sonreír a otras. O uno puede ser súper queer y posicionarse como la persona más fiel, considerada y amable del mundo. Obviamente, que todo se mezcla en el mercado del amor, no hay ángeles, ni demonios, aunque tampoco se puede ser tan corto de mente y no ver todas las aristas de esta nuestra realidad.

El trabajo va bien, hace unas semanas fui a una charla de "Posicionando tu marca en Internet", inclusive hice apuntes que quería compartir en Veneración, creo que la pereza me ha estado dando muchos besos ricos y no he dejado de pasarle la lengua. Aún así el beso confunde y en esa confunsión puedo aprochechar para pasar el escrito en limpio, en soporte digital.

La anterior semana la pasé durísimo, el tobillo por casi me hace faltar al trabajo, pude ganarle la batalla, sin embargo, cada vez se me hace más difícil, siento que se fortalece, que sus músculos se vuelven roca y están al tanto para meterme un puñetazo y mandarme de una a la lona. Me puse no sé cuántas unidades de factor junto a no sé cuántas Arcoxias (pastilla desinflamatoria). Cada vez voy agregando mayor potencia a los medicamentos, lo que refleja que ya no me están ayudando tanto como solían frente al problema del tobillo que es básicamente el único que perdura.

Me ha dado unas ganas increíbles de meterme al mar, de sentir que me limpia todo el cuerpo, que me libera la mente, que el frío me congela y hiela la piel, sentir que me quema, que va a explotar en cualquier segundo. Que mis brazos y piernas vibren al compás de los escalofríos. Atisbar el horizonte llano, cómo se perfila la línea del gran globo azul. Volvemos al azul, quizá también requiera de una máscara con pequeños destellos de luz. Imaginarme semidesnudo frente al océano con una máscara del mismo color, me ayudaría a volverme más mar. Y a estar más ahí que aquí.

La sal y los recuerdos.

Hasta el otro lado

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