14/12/10

Lima 14 de diciembre del 2010

At KC

Las descargas son buenísimas, botar todo sin tener remedio de qué salga. Llevo dos meses sin escribir, más bien, observando, escuchando, guardado todo de todo. De hecho han pasado situaciones muy fuertes como el vuelco predecible que tuvo mi relación –gran tiempo que no hablo del vínculo-; desacuerdos interiores; Sylvia, mi psicóloga; cosas que me prometí que no volvería hacer y que al final repetí; entre tanto. ¡Caramba! Son dos meses… Acontece demasiado. ¿No?
Bueno en octubre Pilar me terminó, tuvo el coraje de enfrentar algo que ya venía pasando y que nadie se atrevía a sacarlo a luz y ella lo hizo, sí ella. Básicamente, las razones fueron faltas de confianza y esperanzas medias vacías. Esa noche y la semana que con ella trajo las 00:00 am, transcurrieron con contorsiones de estómago, cruces neurológicos, entre otros. Pero, el pasar del tiempo también trajo la calma relativa, la aceptación y sobre todo la claridad de que no había culpables, de hecho sí situaciones en las que ambos fallamos, sin malas intenciones, pero no culpas. Son situaciones las que te programan cual fantasma a hacer o dejar de hacer cosas. ¿Por qué la responsabilidad debe recaer en uno que nunca tuvo la intención de lastimar? Es por ello, que ninguno termino siendo el malvado, dado que nunca lo hubo. Solo situaciones.

Luego de esa semana de silencio nos juntamos nuevamente y volvimos a la relación, de hecho que hay cosas que cada uno debe mejorar por uno mismo. Y la idea es pues, pasar calidad de tiempo, no discusiones, disfrutar la compañía del otro, sin esperanzas vacías y con confianza de poder hablar sobre lo que uno piensa libremente, sin presiones. En este segundo punto, todavía se está, a paso lento, se va superando, lento… Hay que creer. Sin cuestionarse, es difícil, sin embargo.

El pasado 30 de noviembre fue mi cumpleaños hubieron dos momentos muy alejados emocionalmente, pero bien unidos en cuanto a motivo: cumplía 23 años. El lunes 29 la nostalgia me invadía se venían las “doce” abridora, pero volteaba y todo seguía como los años pasados: cero celebraciones, y la fiel soledad acariciándome los párpados. En un desesperado encuentro conmigo mismo, tuve la idea de llamar a Sylvia y contarle lo que me estaba pasando, que qué podía hacer, ella me respondió que enfoque mi atención en lo que venía, porque aquella noche igual ya había terminado. Bueno llegó el día siguiente y las cosas mudaron para mejor, Pilar y el trabajo me hicieron sentir que había algo distinto. En la oficina llovían los saludos y por la noche Pili me esperaba con un regalo, una torta –me dijo que todo cumpleañero debía tener una- y la cena. Fue una noche mágica e irrepetible para mí. Ese día me dejó totalmente boca abierto y me confirmo que cada uno tiene su forma de amar y que si estás con alguien lo que menos debes hacer es cuestionarte cada letra de la gran palabra “r-e-l-a-c-i-ó-n”.
Varios días que me duele la espalda.
Ando preocupado por el albur de lo que se viene. Términos específicos.
Hasta el otro lado.

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