25/5/11

Lima 25 de mayo del 2011

At KC


Ando en verdad medio desorientado, pero no perdido, es como si estuvieses acostumbrado a recibir calor en pleno invierno y que intempestivamente el flujo se vea interrumpido, es decir, que la sensación térmica se congele, mientras tal temporada sigue helando la piel, resecando lo que una vez fue suave, lo húmedo. He descubierto que los espejismos no solo se dan en un desierto, también toman cuerpo bajo la nieve, bajo los copitos blancos.


Hicimos todo lo que nuestras resistencias permitieron: dimos, dejamos y quitamos. El lodazal arremetía, jalándonos hacia la brusca tierra. Fue ahí donde las cóleras y disgustos, las miradas con enojo se apoderaron de nosotros, nos disfrazaron de desdicha y cada vez que nos hablábamos el antifaz se anteponía, dejando nuestras caras en la ilusión, en una lejana esperanza. Cómo se luchó, cuántas nuevas metas se fijaron, aún así las vallas aparecían y de nuevo la tierra hasta las rodillas. Ella y yo… El fango.


Llorábamos juntos, yo siempre rebalsaba humedeciendo mis mejillas, nunca pude equilibrar ese efecto. Me hubiese encantado solo mirar con los ojos firmes. No mostrarme así, pero es algo que me acompañará como la Hemofilia hasta el fin. Y entonces las nuevas derrotas, pocos momentos compartidos y ya no tan juntos. Muchas actividades de por medio, casi nada de nosotros. Yo llamando, la copa de vino que caía al piso sonando muy fuerte y bueno la otra mirada fija en el mundo, mas no en la copa hecha mil pedazos debajo de nuestros pies descalzos.


Me costó mucho tomar la gran decisión de separarnos. Aún no me recupero de ello. He desactivado mi cuenta en el Facebook, cambiado una que otra foto y escondido algunos recuerdos que en mi habitación quedaban. Entre ellas hallé un ganchito rosa, una piedra blanca hermosa –la única vez que estuvimos frente al mar con zapatos- y muchos pelitos negros sobre mi cama. Mi garganta se llena de nudos mientras redacto. Y la lágrima del llorón que empaña mis lentes.


Ya han pasado tres días desde que se lo dije por teléfono. Intenté hablar directamente, pero había más cosas que hacer, otros compromisos. Aunque no el nuestro. Cuando entablamos la conversación no fue un diálogo, fue más un corto informativo. No teníamos más que contar, ya casi en dos años se hizo. Era inevitable suponer para los dos qué se venía.


Siento de corazón que el amor no puede respirar rencor. Si siguiéramos juntos terminaríamos con un cáncer terminal. Al menos ahora podemos intentar una quimioterapia a paso lento, cada uno por su camino, bajo sus propias experiencias.


Siempre se puede mejorar si es que hay la voluntad de hacerlo, sin embargo, hay cimientos que perduran. Los nuestros no soportaron una misma construcción.


El próximo sábado iré donde Sylvia y veremos qué otras cosas me ayuda a descubrir.


Feliz cumpleaños mamama. Son 80 años. Gracias por compartirlos conmigo y los tuyos.

Hasta el otro lado.

3/5/11

Lima 03 de mayo del 2011

At KC
Mi mamá me regaló una máquina del tiempo



Yo salía de mis ya 6 meses de sesiones con Sylvia y me dispuse a montar mi bicicleta (http://jorgemillamack.tumblr.com/) con dirección a la casa de mi abuela, ella no está muy bien que digamos, le ha dado herpes y no puede ni moverse, para todo el día en cama y cuando ella no sale, mi mamá tampoco lo hace. A la segunda la noto cargada, con los ojos más caídos que nunca, tampoco se ríe como antes, aunque tiene una cámara de video y una laptop. Dedica buena parte de su tiempo a grabar cada cuadro de la vida. Se graba sola, graba a mamama… Graba el mundo.
Esto de las grabaciones no es un gusto o hobbie reciente de ella, ya desde el 1987 registraba imágenes cada vez que la batería estaba cargada y cuando las ganas la acompañaban.


Abrí la puerta y subí la bicicleta hasta el segundo piso del departamento en la quinta de Miraflores. Entonces, vi a mi abuela muy frágil, me acerqué más y la resolana que rebotaba en la pared blanca hacía que sus expresiones se muestren más marcadas ante mi vista. Cada segundo, cada hálito era más difícil de alcanzar y cuando llegaba a completar un respiro, al exhalar el aire sonaban quejidos comprensibles. Me contó esa tarde que por las noches no dormía y que el dolor no dejaba de estar despierto.


Cuando todo se calmó o me acostumbré a la situación mi mamá desapareció por unos minutos, al volver llevaba algo en sus manos. Yo siempre imaginé que una máquina del tiempo sería grande y ostentosa, o un carro como el de Volver al Futuro, pero caí en un paradigma muy novelesco. Además, cuando crecí fui descartando ciertas posibilidades, como la de una máquina del tiempo. La realidad me hizo constatar que una vez más estaba equivocado.


Me mostró la superficie de la máquina, su efecto era tan potente que a la primera impresión me vi de pocos meses de nacido. No pasó mucho tiempo para que esa imagen estática cobre vida y nuevamente yo, pero en movimiento. Esta vez sentadito sobre una alfombra, con una dulzura que yo no conocía que una vez tuviese. Ver a mi abuela –que hace unos minutos estaba retorcida de dolor en su cama- con23 años menos de edad y contemplar cómo mi mamá estaba atenta de cada pasito mío junto a mi madrina. Fue una sacudida de piso muy fuerte y soberana.


Esta máquina tenía un gran defecto solo estaba programada para viajar dentro de un periodo de años de 1987 a 1996, con ciertos espacios en blanco y muchos vacíos. Creo que mi mamá al construirla se enfocó más en demostrarme cómo ella ve el mundo y no tanto dejarme la libertad de escoger mi versión. Aún así, si no fuese por ella jamás hubiese retrocedido tantos años. Nunca sabría cómo jugaba con mis primitos, cómo cojeaba a los dos años mientras observaba el transcurrir del mundo. Me veía pequeño rodeado de una familia numerosa con niños de mi edad, mi tío Walter con los bigotes de los ochentas, a mi tía Lili con el peinado de la misma década. Escuchar si quiera por unos segundos a mis padres hablarse sin odio, sin amenazas, sin miedos. (A mi papá nunca lo pude ver).


De pronto, los años corrían raudamente hasta que volví al 2011, a la habitación con los dolores de mamama y la cámara de mi madre. Todo se aclaraba develando un televisor, un reproductor DVD y una cajita de video con mi foto impresa. Luego, vi un stop en la pantalla y todo se apagó. El viaje había terminado.


Considero que cada quien debería tomarse un tiempo para ensamblar los componentes de una máquina del tiempo. No es muy problemático. Solo requieres de una cámara de video, cuidado en el guardado de las grabaciones y una sala o programa de edición. Por supuesto y mucha, mucha imaginación.


No olvidemos esta experiencia, no olvidemos nuestro pasado.


Advertencia: la máquina del tiempo puede ser adictiva.


Hasta el otro lado.

*Se mesclaron dos días en este relato.