13/6/12

Lima 13 de junio del 2012


Desde la habitación verde

La mano quemada

Es como cuando ves una película en ángulo subjetivo. Las calles se elevan en una gran prolongación ascendente, Cuesta no sentir que las paredes intentan aplastarte mientras por teléfono te piden que corras más y más rápido. El pedacito de Cuba siempre tiene esos efectos secundarios por repetición del acto de tomar. El brazo se mecaniza en consonancia perfecta. A ojo cerrado las variables de tiempo y distancia se vuelven más fáciles que un bostezo. Y bueno, Larco, mi ejercicio y mi torpeza.

Entonces la llegada y el saludo. Una lista improvisada a último minuto. Solo con la intención de compartir el salón, de quizá soñar unos minutos. Al voltear ya dentro gente y más gente. Rostros, máscaras y pocos pasajeros oscuros, que por su cualidad física, son muy efectivos al mimetizarse con el todo y la nada. Oscuro… Con el ruido escuchar los pensamientos se vuelve más difícil que colocarse una chompa con los dientes.

Para ello, lo socialmente recurrente es ir por una copa con alcohol. Agudiza los sentidos y sirve más dentro que fuera. No olvidar el efecto de 3D antes mencionado. Y al iniciar la observación consecuente se atisba la homologación de estilos. Mismos peinados, mismos colores, mismas ropas. Y se capturan palabras que inclusive son las mismas, aunque con un sonido algo diferente.

¿Qué podrá suceder para encontrarte contigo mismo? Seguir como observador suena tentativo, pero tendría un fin indefinible. Y qué pasaría si dentro de lo mismo, donde todos te ven raro y tú los miras igual aparece alguien que también se siente distante a ello, a pesar de compartir los mismos roles. Tendría acaso tal fuerza que con tan solo hacer que los ojos –a través de la mirada- se intercambien aparezca el cíclope. Un solo ojo, una sola conexión. Que sea tan potente que deje las palabras en un segundo plano. Que el sentir sea la auténtica comunicación.

Y que al parpadear tan solo un segundo, veas cómo los labios capturan una burbuja, atrapándola y liberándola. Una y otra vez en el juego del gusto. Que no obstante del olor ambiental cargado registres ese aroma que te enternece de forma cálida.

Que tanta hazaña cubriría solo siete minutos de soledad. Y que el fuego te recuerde que no es figurativo, que también quema. De pronto la llama se expande, la mano quemada. El roce de la línea en la palma la cosquilla y el adiós con la promesa de volver a vernos. Y como ya es conocido en estas disciplinas, la ausencia y el hasta luego.

Hasta más vernos.